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Y después del confinamiento… Trabajar desde casa

Mucho se ha hablado de lo malo que es trabajar desde casa (y muy poco de lo bueno), pero siempre desde la peor visión del empresario, junto con la vertiente de la conciliación del teletrabajador, como si fuesen problemas omnipresentes.

Siempre visto como un gran impedimento para la Pyme. Como un inmenso hándicap para el teletrabajador. Haciendo incidencia en la mujer más que en el hombre, como si la diferencia del sexo femenino incrementase el coste por ese trabajo en casa y perjudicase su productividad.

Estos artículos siempre comentando lo malo que es trabajar desde casa, sobre todo con hijos que debemos cuidar, como si se tratasen de dependientes absolutos, como si tuviesen alguna deficiencia de movilidad.

Bien es cierto que antes de los confinamientos existían un porcentaje muy bajo de teletrabajadores que tenían que apremiar esta conciliación, por tener a su cargo algún pariente con esta movilidad restringida, pero según se extrae de los cientos de miles de artículos que podemos encontrar en Internet, de repente han aparecido millones de estos teletrabajadores en España con este problema familiar.

Absurdo, ¿no?, pero es lo que podemos desprender de la lectura de todos estos artículos, y casi sin excepción.

Y no voy a escribir un artículo derrotista, quejumbroso y negativo. No.

Desde Strolabi nos negamos a ver el post-confinamiento como un castigo por haber trabajado mal, como una desgracia mitológica egipcia, nórdica o helénica.

Lo tienes que ver como lo que realmente es: una inmensa oportunidad de incremento de productividad en tu empresa.

Ya se ha demostrado con creces, incluso con las nuevas leyes nacionales, que las Pyme lo tienen que poner en práctica más pronto que tarde, y debes darte cuenta de las grandes ventajas y los grandes beneficios, que esta modalidad de trabajo (no tan nueva, por cierto) puede aportarte.

Es cierto que todavía hay quien opina que esta forma de trabajar perjudica al negocio, en especial para la pyme, por lo que intentaré disipar un poco esta falacia, enfocándolo de forma positiva tanto en la vertiente del teletrabajador, como desde el empresario.

Lo primero es tener con un espacio físico donde poder trabajar a gusto, al igual o mejor que en la oficina. Siempre se habla de que se debe tener una mesa dedicada exclusivamente para este menester, como si todos los trabajadores dispusiéramos de casas de más de 100 m cuadrados.

Tenemos que tener en cuenta que hay mucha gente que trabajan casas entre 15 y 50 metros cuadrados.

Esto ni es un impedimento ni es una desgracia.

Es lo que hay hoy en día y debemos adaptar este espacio a nuestra nueva forma de trabajar.

El trabajador debe crear un ambiente de trabajo cómodo y libre de distracciones e interrupciones.

Lo primero que se debe tener es una conexión a internet relativamente rápida, para conectarte a los programas de la empresa (a la plataforma de trabajo que necesita el teletrabajador), una muy buena iluminación (un simple flexo de sobremesa con bombilla de luz blanca es lo básicamente perfecto), estar todo ordenado (se terminó tener desparramado papeles y elementos de escritura, gracias a la digitalización) y un terminal digital adecuado al trabajo, que bien puede ser un PC de sobre mesa o un PC portátil. Las Tablet y los smartphone para esta modalidad de trabajo, debemos desecharlos y no caer en el error del autoconvencernos de que son válidos. Son lentos y de pantalla excesivamente pequeña. Para momentos puntuales breves de trabajo fuera de este espacio de trabajo, de visita a un cliente, si son recomendados, pero para tiempos inferiores a los 20 minutos.

Con ello la empresa consigue que el trabajador esté más centrado en su trabajo y se evita que realicen pausas innecesarias, como hablar con compañeros de temas mundanos (el partido de futbol, la fiesta del sábado por la noche, los pormenores de los problemas privados, los logros del hijo,…).

En definitiva, tanto para el Teletrabajador como para el empresario, se consigue una mayor productividad.

Debemos tener hábitos de puntualidad y ganas de querer iniciar nuestra jornada laboral, incluso con más entusiasmo que cuando vamos a la oficia. Estás en tu mejor área de confort, por lo que estas más relajado. Tienes que aprovecharte de ello.

Gracias a que no se debe utilizar parte del tiempo en trasladarnos a la oficina, una de las grandes ventajas, podemos estar en nuestro Smart Working en el momento previsto. Bien porque la empresa nos obliga a “fichar” al inicio del trabajo, bien porque debemos tener el hábito para poder trabajar con constancia, centrados y sin distracción alguna.

Debemos despertarnos temprano, a la misma hora que si nos fuésemos a trabajar a la oficina, hacer los quehaceres habituales de antes de salir, asearnos debidamente,  vestirnos y desayunar sin prisas.

Ponernos delante del ordenador en pijama o ropa poco adecuada para una jornada laboral es una costumbre a erradicar, ya no por el tema de las videoconferencias, que se producirán en la mayoría de los teletrabajos, sino en especial por la actitud, que esa positividad nos acompañará todo el día.

La corbata ya no es necesaria, en mucho de los casos, pero psicológicamente ponerte en chándal o con ropa más propia de vacaciones, sin asearnos y una presencia con dejadez, es tremendamente contraproducente.

Debes tener un hábito igual o similar a la que tienes cuando te desplazas a la oficina.

En definitiva, el teletrabajador está más cómodo trabajando y se consigue una mayor productividad.

El uso de la agenda electrónica para sincronizar las videoconferencias es fundamental: si necesitas estar en contacto diario con tus compañeros de trabajo, tus socios o tus clientes, para concretar temas de proyectos y evitar confusiones, eliminando tiempos de desplazamientos inútiles y tiempos de esperas a que el anfitrión este libre para la reunión…

Antes del confinamiento, sin el teletrabajo, hacer una visita de 45 minutos a un cliente en tu misma localidad era el equivalente a unos 10 km de distancia, por ejemplo, implicaba salir casi una hora antes de la reunión, si vas en coche, tardar tiempo en encontrar un aparcamiento lo más próximo posible (gasto de combustible), esperar entre 5 y 15 minutos a que el cliente pueda atenderte, recoger todo el tinglado que se haya desparramado en la reunión, sacar el coche del aparcamiento (gasto del parking), desplazarte de nuevo al puesto de trabajo con el coche y volver a buscar un aparcamiento cerca (más gasto de combustible y pago posterior del parking), llegar a la oficina e introducir la conversación en el CRM (con la posibilidad de olvidar datos que pueden ser relevantes)…

En definitiva cerca de 2 o 2’5 horas para la reunión, gastos a la empresa y nervios al trabajador.

Con el teletrabajo, tienes tiempo de prepárate la reunión desde casi una hora antes. Si el cliente no puede estar contigo, te puede avisar 5 minutos antes de la reunión y si no lo hace, no pasa nada. La reunión puede prolongarse más del tiempo estipulado, sin problema para nadie. Durante la presentación, no hace falta hacer herramientas analógicas, sino todo telemático. Durante la reunión puedes estar rellenando el CRM con la conversación, en tiempo real, y cuando finalice, se puede hacer un resumen de lo más importante, sin omitir ni un solo detalle, que a veces es de suma importancia.

En definitiva, tanto para el Teletrabajador como para el empresario, se consigue una mayor productividad y reducción de costes.

Una vez que el horario de la jornada laboral ha terminado, apaga el ordenador y disfruta del resto del día. Y lo puedes conseguir mucho antes que si te desplazas desde la oficina a tu domicilio, u otro lugar que tengas/quieras estar.

Se debe tener muy en cuenta que con el teletrabajo, además de la alta productividad, se puede conseguir un equilibrio óptimo entre tu trabajo y tu vida privada.

Y al tener más vida privada, volvemos a uno de los primero puntos,  ya que al estar en tu área de confort, estas más relajado y estarás más predispuesto a volver al día siguiente de nuevo al trabajo.

Tienes que aprovecharte de ello.

En definitiva, un Teletrabajador contento con su calidad de vida, consigue una mayor productividad.

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Un esbozo sobre el post-confinamiento

Poco a poco se constata que por un motivo u otro no se vuelve a la vieja normalidad, y eso produce ansiedad y deseo todavía más fuerte de aferrarse a nuestra esencia, de generar nuestra zona de confort, de sentirnos seguros.

Aunque a nivel consumo se está en modo crisis económica, se sigue viendo un esfuerzo por recurrir a los viejos ritmos de compras, a poner en marcha los planes diseñados, a esos viajes que teníamos previstos, a esas reformas que deseamos…

Estamos en la Post-verdad (Post-Truth) y se tiene una percepción que hace 10 años no se tenía de la toxicidad y del ruido que hay en Internet.

Tener miles de “amigos” en las redes sociales ya no es divertido y actualmente no tiene sentido tenerlos, ya que se generan fricciones a causa de visiones distintas del mundo.

La Transformación Digital hoy, incorpora nuevas tecnologías digitales. Realmente es una Transición a nuevas formas de producir y trabajar, fragmentando los procesos y adaptándose a los nuevos ritmos del “mercado”; del Time to Market al Time to Test, de la fragmentación del mercado de consumo de nichos, a las estrategias de expansión de mercados.

Todo ello produce una aceleración en los ciclos de la forma de compras y en el resto de procesos en general de la empresa.

Asimismo han confluido una serie de nuevas condiciones en esta mueva transformación digital, bastante diferente a la que teníamos hace apenas 5 años, que debemos tener muy presente y aceptar esta nueva realidad, como es la desinflación del Hype de la digitalización, que coincide con coordenadas “post-digitales” y con la madurez de una cultura digital asimétrica.

También el Figital que se prometía como la nueva revelación en 2018, de las ventas on-line desde tiendas off-line, se ha visto degradado a una mera anécdota de moda tecnológica.

El “pupose-driven”, o los nuevos modelos de la gestión de organización, basados en las motivaciones de los trabajadores hacia su empresa, va tomando más aceptación, y los Soft-Skills entran en juego como un valor de talento añadido de los trabajadores.

El purpose-driven no es una metodología, como ciertas creencias así lo indican, sino que es un enfoque, aunque si existen metodologías para llegar a él. Es la nueva perspectiva para promover la visión y/o misión de la empresa, mediante un nuevo enfoque de su cultura total y su estrategia, dirigido a generar un impacto diferente al de los beneficios económicos, como puede ser el posicionarse en el nº 1 de su mercado, el reconocimiento sectorial… entre muchas.

Las tecnologías de la sostenibilidad y las biotech no son todavía estables, por lo que podrían generar una rotura a las formas de utilización de lo digital.

Sobre la transformación digital se han escrito cientos (miles) de artículos y está (y ha estado) en boca de mucha gente, asociándolo exclusivamente a la tecnología. Pero realmente es una transformación que penetra en la profundidad de lo cultural, así como en lo personal y en lo individual. Es un proceso que suele ser más lento que la propia velocidad de la tecnología y de los mercados.

Sigue siendo normal que se confundan los conceptos “digitalización” con transformación digital. La digitalización, en el contexto corporativo, se utiliza para la incorporación de dispositivos, software y servicios digitales. Mientras que la transformación digital se refiere a los impactos en la sociedad, mercado y, sobre todo, en la economía de la empresa, pero más específicamente en los modelos de negocio o la sostenibilidad económica que generan esas tecnologías digitales.

Provoca un sentir de urgencia, por la presión de la competencia, la aparición de nuevos modelos de comunicarse, o por las nuevas formas de consumo, en especial por la expectativa de la obtención instantánea de lo adquirido.

La nueva cultura empresarial da soluciones que no son tecnológicas, como la producción Agile, la información centrada en el usuario para ajustar la oferta a la demanda, cada vez más de nicho y, sobre todo, a la personalización.

Desde hace tiempo se ha estado utilizando el tan aclamado multicanal, con información demasiado fragmentada, que transmutó a la transmedia, que exigía unir esa información entre los canales utilizados por la audiencia. Y al final se ha llegado al llamado omnicanal, que ha sido otra cosa que la transición de los anteriores entre los dispositivos o entre las plataformas y no ha sido tan transgresor ni dramático como se había escrito.

Se tiene que asimilar que lo digital no es novedad ni es moda y que lleva mucho entre nosotros (creo recordar que desde antes que se hablase del efecto 2000) y ya lo hemos tomado como algo normal y habitual (smartphones, redes sociales, videoconferencias, teletrabajo, e-Commerce, coches con ordenador abordo, geolocalización…) y es absurdo negar que se está utilizando de forma diaria, en especial por las empresas.

Lo digital también es cultural, que ha venido a convivir con viejas formas de hacer y, a su vez, con lógicas más innovadoras.

Y es la empresa quien debe tomar las decisiones para encontrar un equilibrio entre evolución y pervivencia, es la sabiduría y la ética de este equilibrio el gran qué para esta década en la que hemos entrado, aunque parece (y sólo parece) que no con un buen pie.

A parte de todo ello, se debe tener muy en cuenta que la tecnología ha entrado en la madurez digital, ya que los clientes y empleados de las empresas, los usuarios en general, utilizan multidispositivos para estar conectados e incluso con varios de ellos a la vez; PC, portátil, tablet, smartphone, play…).

Pero decir que la tecnología digital está en plena madurez o decir que está de lleno en el “post-digital”, no es sinónimo de declive, sino todo lo contrario; está de lleno en su mejor momento. La inmensa mayoría de los humanos la usa y empieza a aprovecharla para sus interacciones, sean laborales o particulares, de una forma habitual y natural.

Al haberse introducido todo lo digital en nuestro día a día, ha provocado nuestra adaptación y adopción a toda esa “nueva” tecnología, a la nueva forma de trabajar, de relacionarnos, de una manera transversal.

Ha dejado de ser “futuro” para convertirse en “actual”, en post-digital.

Esta madurez digital hace impensable estar en una empresa escribiendo con “lápiz y papel” o con máquina de escribir, de enviar cartas o un mailing por correo ordinario, o de mantener reuniones de negocio y trabajo presenciales con compañeros, jefes y clientes.

La mardurez digital nos indica que toda la digitalización lógica ya la tienen implantada las empresas, ya que se escribe con programas específicos para cada caso desde el ordenador, se usa suites de videoconferencias para las reuniones, whatsapp y e-mail para contactar con los clientes, compañeros y jefes, así como sondeamos el mercado de la competencia o de RRHH, con un solo clic. Y lo encontramos tan lógico y habitual que ni nos preguntamos como lo hacíamos antes, hace 5 o 10 años.

Aunque tampoco nos debe extrañar si empresas de diferente índole, sector o tamaño están en un largo proceso de adopción o adaptación, como la administración pública, que aun gestionan todo en papel, por muchos ordenadores que tengan.

En resumen, la madurez digital, el cambio de cultura, los nuevos modelo de negocio, la nueva forma de trabajar y los nuevos procesos, son los que obliga a la empresa a digitalizarse, a transformarse digitalmente, para encontrar un equilibrio entre evolución y pervivencia, dirigido a generar un impacto diferente o paralelo al de los beneficios económicos, como puede ser el posicionarse en el nº 1 de su mercado, el reconocimiento sectorial… entre muchos otros objetivos.

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La incertidumbre de la Transición en estos momentos

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A día de hoy, los cambios del entorno están creando una incertidumbre, y en base a ello las empresas debemos diseñar nuevas estrategias más adaptables.

Y la transición digital no está exenta de esta incertidumbre ni de la nueva estrategia adaptativa a diseñar.

Cuando todo parecía que más allá del debacle de la crisis sanitaria iniciada en marzo de este año no íbamos a ir, en la que muchos lo habían incluso llamado “inconveniente pasajero”, lo que nos ha llegado es la segunda ola de contagios de la Covid-19, anunciado desde hace meses y que pocos habían hecho previsiones para ello.

No por eso debemos acurrucarnos en el rincón más alejado de nuestra empresa, ponernos en posición fetal y llorar por nuestras desgracias, sino que es justo el momento de empezar a prepararnos para el Post-confinamiento.

En estos momentos que las incertidumbres más nos aprisionan y nos percatamos (o deberíamos hacerlo) que lo que llamábamos mundo se han transformado, y es cuando  debemos iniciar la transición.

La Covid-19 no es la causa del proceso de transformación del mundo conocido, sino que ha sido un acelerante que ha desencajado las piezas del tablero antes de lo previsto. Pero con demasiada lentitud, debido a las inercias de la vieja normalidad, se vuelven a encajar en otras configuraciones. Pero esto, nuestras empresas, pueden acelerarlo antes que las empresas de la competencia, si así lo deseamos.

Esta transformación no ha sido súbita, ni debida al impacto de la crisis sanitaria en exclusiva, muchos “síntomas” de esta transformación que estamos viendo venían de largo, lleva unos 20 años en marcha, aunque muchos no hemos querido verla.
Algunos de los indicativos de esta transformación, los noticiarios llevan anunciándolo, tanto por Internet, como en diarios o en TV:

– La transformación de la economía global, se venía anunciándose de hace más de un año que estábamos entrando en una segunda una crisis económica mundial, aparentemente.

La transformación urbanística y económica de las ciudades, en la que Ámsterdam ha sido el ejmplo más claro de este nuevo paradigma

– transformaciones en la movilidad en las ciudades, en las que se aboga por los transportes más ecológicos (transportes públicos y bicicletas principalmente), anulando zonas principales de economía de la urbe al paso de vehículos.

– La desvalorización de los vuelos en avión (por motivos muy distintos a los actuales),y que la punta del iceberg eran las bajadas constantes de los precios y bonos de cuota fija para empresas o directivos, sin importar la cantidad de vuelos realizables.

– La mayor valoración en los viajes entre ciudades por medios más sostenibles: tren, autobuses de línea, coche de alquiler…

– La degradación de los estados de bienestar, en especial por las zonas de confort.

– La privatización de la sanidad pública, que ha resultado equivocada e insuficiente.

– el crecimiento del e-commerce, aunque el ritmo totalmente actual a raíz de la crisis lo ha disparado 5 veces más de lo previsto.

Llevamos años que la OMS, y otras instituciones internacionales, venía advirtiendo de la posibilidad Lo de que ocurriera una pandemia, más o menos agresiva como la actual, aunque todos hacíamos caso omiso.
Lo que era totalmente impredecible es que específicamente viniera de un coronavirus. Era imposible adivinar como iba a llegar, ni cuando, ni que iba a ser ése.

No se puede predecir el futuro, pero sí entender con una mirada que atienda la complejidad el mundo.

Ya hemos dibujado como estamos en la actualidad. Y no, no es tan negativo como parece, ni mucho menos.

¿Y ahora qué?

De momento estamos de lleno en la crisis sanitaria mundial, y no tenemos previsión de saber cuando empezará definitivamente el “post-confinamiento”, el después de la Covid-19. Ni la OMS ni ningún ministerio de salud de ningún país, europeo o del resto del mundo, pueden predecir cuando sucederá. Se puede estimar el cuando, pero nunca asegurarlo.

¿Qué podemos hacer para sopesar y maniobrar en tiempos de incertidumbre y de desestabilización?

Es evidente que los planes de choque no han acabado y se siguen desplegando a medida que nuevos impactos y eventos derivados de toda esta drástica situación van emergiendo.

El objetivo de su empresa debe ser encontrar nuevos puntos de equilibrio y estabilidad. Suele ser un repliegue hacia dentro, recortar, reestructurar.

El estudio de los cambios que ya se ven, incluyendo los incómodos, nos puede ayudar a dibujar varios escenarios. Escenarios con los que posteriormente hacer simulaciones estratégicas, y tomar decisiones.

Por ello Strolabi hemos abierto agenda para consultorías para esta transición digital para organizaciones.

Para despejar incertidumbres de lo complejo, requiere adquirir el conocimiento de a donde se quiere llegar, y la falta de certezas sobre el presente, requiere que se combinen acciones de exploración y anticipación con mucha creatividad y estrategia. La transformación que sintonice más allá de la lógica digital, con pensamiento crítico, debe transformar el conocimiento de las tendencias en decisiones y nuevos impulsos.

No hay fórmula mágica que cambie todo lo que está sucediendo de forma rápida y estandarizada, ojalá. Pero podemos tomar decisiones en todo este terremoto de caos, pero sólo con conocimiento, creatividad y estrategia.

Imagen: https://www.istockphoto.com/es/vector/de-interrogaci%C3%B3n-de-incertidumbre-dibujo-gm505538003-45205700

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Post-Confinamiento – Apoyo al Teletrabajo

En esta época de confinamiento y miedo (y de desprecio no solo por la propia vida, en algunos casos), lo que está claro y así se ha demostrado en más de una ocasión tanto en redes sociales como en informaciones del gobierno, que el sistema de quedarse en casa trabajando funciona.

 

En múltiples informes que podemos leer por Internt, tanto nacionales como extranjeros, como por ejemplo la Encuesta sobre el Mercado Laboral 2020 de Walters People, dice que el 72% de los profesionales se quejan de la baja productividad que tienen desde las oficinas, a causa de las interminables interrupciones y al ruido que se genera constantemente el ellas.

Esto hace que algunos empleados sufran un estrés constante y, por consecuencia, el impacto negativo en la motivación y la productividad, lo que se denomina Burn Out.

La posibilidad de realizar el mismo trabajo desde casa, según este informe, es apreciada por el 68% de los trabajadores, ya que las interrupciones son mucho más escasas y pueden concentrarse más en el trabajo, por lo que la productividad aumenta considerablemente, se hace más trabajo en el mismo tiempo, y se consigue reducir considerablemente el estrés.

Según Walters People el 52% de los encuestados indican que durante lo que llevamos de año el Teletrabajo es un factor determinante para quedarse en la empresa o para cambiar a otra.

Otra de las consideraciones que la empresa deben tener, es que al permitir trabajar desde casa se consigue una conciliación entre la vida laboral y la familiar.

Eso sí, el trabajador sólo debe respetar una serie de reglas básicas como realizar las horas pactadas con la empresa, aunque puede empezar y terminar dentro de unos márgenes preestablecidos, convirtiendo en flexible esta modalidad de trabajo, o como ir indicando que previsión de acciones va a realizar durante su jornada, mediante una agenda virtual compartida.

El objetivo de un teletrabajador ya no es realizar el horario establecidas por la empresa para hacer el trabajo por el que se le ha contratado, sino que el objetivo pasa a realizar el trabajo por el que se le ha contratado, dentro de unas horas estipuladas.

Aunque parezca contradictorio, esto consigue que el trabajador sea más productivo, sintiéndose a gusto con el trabajo que está realizando.

Y no sólo demostrando la preocupación del bienestar del trabajador es lo que se gana, sino que al realizar este modalidad de trabajo, se retorna la confianza de estos a su trabajo, que a su vez repercute hacia los clientes de la empresa, dejándolos más contentos y satisfechos.

En definitiva, se mejora y mucho la imagen corporativa.

Y no debemos olvidar que todo ello es gracias a tecnología. Las herramientas tecnológicas disponibles actualmente, hacen todo esto posible de manera eficiente y eficaz.

Existen infinidad de tareas en las organizaciones que pueden realizarse a distancia: reuniones por videoconferencia, trabajar con documentos compartidos, seguimiento de clientes, compartir proyectos… Todo esto es factible gracias a plataformas como Windows Teams o GSuite de Google, como los más utilizados por su eficacia.

Pero seamos coherentes. No todos los trabajadores de la organización pueden estar en casa teletrabajando, ya que existen trabajos más manuales que obligan a realizarlos presencialmente.

Es más, a día de hoy, para mantener un cierto contacto con estos trabajadores presenciales, en algunas organizaciones se realizan turnos rotativos para que los empleados de oficina, los que están teletrabajando, realicen trabajos semanales o quincenales presenciales y poder realizar otras tareas más presenciales puntuales que de otra manera es complejo hacerlas.

Al no haber tanto ruido de fondo en la oficina ni tantas interrupciones, esta opción también es apreciada por los trabajadores que antes estaban estresados.

En resumen.

Debemos tener en cuenta que al teletrabajar la productividad aumenta, por lo que las empresas con empleados teletrabajando cada vez son más efectivos y cada vez más los clientes están más contentos con su proveedor, consiguiendo fidelizarlos.

Y realmente la inversión en ello no es mucha y, además tiene un ROI de corto periodo de tiempo.

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Encuesta sobre la Percepción que se tiene sobre que es un Consultor

Desde Strolabi estamos realizando una encuesta sobre la percepción que tienen las empresas sobre la figura de los Consultores de Transformación Digital.

Esta encuesta sólo tarda unos 3 minutos. Le pedimos, si es posible y quiere participar, que nos conteste a las preguntas.

Para contestar a la encuesta, sólo hace falta entrar en este enlace externo, o solicitar recibirlo por mail

Una vez hayamos recabado toda la información sobre esta encuesta, les haremos partícipes de ella mediante un informe que le haremos llegar en primicia, semanas antes de hacerla extensiva públicamente.

Muchas Gracias por su tiempo y colaboración

Saludos.

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Resumen de la Ley de Teletrabajo

La ley del Teletrabajo ya está finalizada y aprobado, por lo que en un mes, más o menos, ya se deberá aplicar al teletrabajo en las empresas, con la excepción de casos excepcionales como lo sucedido en el mes de marzo en un Estado de Alarma por Pandemia, por lo que empresas y trabajadores deberemos adaptarnos a ella.

En resumen esta ley contempla 6 puntos principales a tener en cuenta:

1.- ¿Qué se considera teletrabajo?

Se considera teletrabajo al trabajo realizado por el empleado desde una ubicación diferente a su puesto de trabajo en la oficina. Las horas trabajadas por el trabajador a distancia, tanto sea en Telework como en Remote Work, tienen que ser por lo menos el 30% de la jornada durante un período de 3 meses, lo que equivale a un día y medio a la semana.

2.- ¿Quién se hace cargo de los costes?

La empresa tiene que encargarse de la dotación y mantenimiento “de todos los medios, equipos y herramientas” que el teletrabajador necesite para ejercer su actividad a distancia, incluyendo las conexiones telemáticas y licencias de los programas necesarios.

3.-  ¿El teletrabajador tiene los mismos derechos?

Los trabajadores a distancia tendrán los mismos derechos que si prestasen servicios en el centro de trabajo, y no podrán sufrir perjuicio en ninguna de sus condiciones laborales. Un despido a un teletrabajador se considerará exactamente igual que a uno presencial, con las indemnizaciones que marca la ley.

4.- ¿Qué hay de la flexibilidad horaria y del control del teletrabajador?

Habrá flexibilidad horaria pero la empresa también puede fijar unos tiempos de disponibilidad obligatoria. En cuanto al control, el decreto establece que la empresa podrá adoptar las medidas que considere “más oportunas de vigilancia y control” para vigilar que los empleados cumplan con sus tareas.

5.- ¿El teletrabajo puede ser impuesto de forma obligatoria?

No. El trabajo a distancia es voluntario tanto para el empleado como para la empresa, así como el porcentaje de presencialidad en las oficinas. El trabajo a distancia es reversible para ambos, por lo que en cualquier momento, por mutuo acuerdo, el trabajador podrá dejar de ser teletrabajador y volver a realizar su trabajo de forma presencial. Lo que sí es obligatorio es que el trabajador y empresa tendrán que llegar a un acuerdo firmado por escrito.

6.- ¿Cuándo empezará a aplicarse?

Aunque la ley entrará en vigor en unos 20 días, se establece un plazo máximo de tres meses para que las empresas se adapten a las nuevas exigencias, sobretodo plasmando los acuerdos por escrito.

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FAQ sobre Teletrabajo

En estos días de vacaciones, forzadas en parte por necesidad sanitaria, he mantenido más de diez conversaciones (clientes, prospectos y conocidos), que curiosamente han sido casi idénticas, en las preguntas, por lo que está claro que las dudas generalizadas siguen un mismo patrón, por desconocimiento y porque, según me han comentado alguno de ellos, otros proveedores les han informado de forma errónea.

La siguiente conversación es un compendio de las preguntas y respuestas ofrecidas, por lo que se entendemos que es una preocupación bastante generalizada para saber que es y que no es Teletrabajo.

——

– (Cliente) En estos momentos estoy en casa trabajando desde el mes de abril, ya que la empresa me ha enviado a ella para que realice las mismas funciones que en la oficina. La empresa me dice que esto es teletrabajo, ¿es cierto?

– (Strolabi) Dependiendo que como estéis realizando el trabajo, si en on-line será Teletrabajo o si es off-line será Trabajo en remoto.

– (Cliente 1) Soy profesor de Inglés online y traductor. ¿Eso es teletrabajar?

– (Strolabi) Si estás en directo con los alumnos durante las 5 horas seguidas durante la mañana, por ejemplo, sí es Tele Work. Si realizas un tutorial para que los alumnos lo visualicen desde el ordenador en el momento que mejor le venga y tú contestas vía mail, foro o campus virtual, es off-line, por lo que es Remote Work. Lo que sí que eres es un “teletrabajador”, tanto de una manera como de la otra.

– (Strolabi) Si estas realizando traducciones de los trabajos que te pasan los clientes o la empresa, será Tele Work si estás conectado on-line con la red de la empresa y la traducción que estas realizando se graba en el servidor de la empresa y no en local. Si el trabajo a traducir te la han pasado vía mail, tú la traduces y lo envías también por mail, eso es off-line y por consiguiente es Remote Work.

– (Cliente 2) Estoy en una empresa como comercial y estoy desde casa conectándome con los clientes, ¿eso es teletrabajar o tampoco?

– (Strolabi) Cuando contactas con el cliente por teléfono o por mail, y el informe de la conversación lo introduces en el ERP una vez a la semana, cuando pasas por la oficina, o lo envías via mail a tu departamento para que ellos lo intruduzcan, esto es Remote Work. Si te conectas con el cliente vía videoconferencia, pudiendo incluir en la conversación a un compañero de tu equipo de trabajo, o el informe de esta reunión lo introduces on-line en el CRM de forma directa y automática, eso es Tele Work, dicho de alguna manera.

– (Cliente 3) Soy administrativo y realizo documentación y otros trabajos característicos de este departamento, y la empresa me dice que lo haga desde casa, ¿Eso… qué es?

– (Strolabi) Si la empresa te ha habilitado un acceso directo a sus servidores y te permite trabajar on-line con el ERP, eso es exactamente Tele Work. Pero si el trabajo a realizar lo estas realizando vía mail, recibiendo y enviando los documentos y trabajos encargados, eso es Remote Work.

– (Clientes) Vale, ya veo. Pero entonces para poder demostrar las horas que he trabajado utilizo una plataforma que me monitoriza… ¿tampoco?

– (Strolabi) Entiendo que te conectas a alguna aplicación he indicas a que hora empiezas a trabajar y a que hora terminas, como si fuese un reloj de marcaje como los que hay en la oficina, ¿correcto?

– (Cli) Si, justamente eso.

– (Str) Eso es la base de un Remote Work, nada que ver con un Tele Work, que no se necesita el control horario.

– (Str) Otra cosa es que la empresa necesite tener una aplicación para indicar cuando empezar un trabajo o proyecto, y cuando se termina. Eso es un “control de Producción”, algo necesario si se quiere imputar costes a los trabajos realizados. Y software de producción hay muchos y algunos son específicos para cada sector, más o menos complejos y fiables, enlazados o no con contabilidad… pero todos de pago, y no tienen nada que ver con el control horario gratuito que suelen encontrar en Internet.

– (Cli) En mi puesto de trabajo de la oficina, tengo mi versión web de mi Outlook, que puedo accedo a él desde casa. Eso no es Tele Work, lo tengo claro. Pero si mi empresa hubiera decidido darme conexión remota a mi ordenador de sobremesa del trabajo, eso sí sería Tele Work, ¿entiendo que tendría que estar cumpliendo un horario y tendría una monitorización?

– (Str) Lo que indicas es una mezcla de las dos formas de teletrabajar. Pero te contesto por partes, ya que hay más de una pregunta en lo que me consultas.

– (Str) Si accedes a tu Outlook desde casa es Remote Work, tal como has indicado.

– (Str) Si la empresa de da acceso remoto a la computadora de tu puesto de trabajo de la oficina, o a la virtualización del escritorio del mismo desde el servidor, eso si es Tele Work, ya que estas trabajando como si estuvieses en la oficia. A este servidor tendrías que poder acceder a través de un DMZ, por lo que si no lo tiene la infraestructura de tu empresa se complica y mucho, o lo tenéis en el Cloud de la empresa, ambas por temas de ciberseguridad.

– (Str) El Tele Work no tiene como objetivo el estar fijado a un horario de inicio y finalización, sino que debe ser tratado por trabajos realizados, por lo que tener una aplicación de control horario, no sólo no es necesario, sino contraproducente, ya que crea un mayor estrés del necesario. Lo que sí que está claro es que debes trabajar el tiempo estipulado en el contrato (40 horas semanales u 8 horas diarias), y es tu responsabilidad el cumplirlo. También está claro que en tú Outlook debe ser abierto a toda la gente de tu equipo, indicando a partir de que hora estás accesible y a que horas estás realizando otras funciones, más que nada para que si un compañero se quiere poner en contacto contigo, sepa cuando hacerlo.

– (Cli) Mi jefe quiere que en mi WorkPlace utilice la interface de la empresa para poder monitorear el trabajo que estoy realizando ¿tampoco es teletrabajo?

– (Str) No. Eso es que tu jefe desconfía de ti, no cree en el Tele Work y quiere que sigáis trabajando en la forma antigua, como se hacia hace años en las oficinas, en la que te controla como se hace el trabajo, realmente como él quiere, sin importarle mucho si el trabajo está bien o mal hecho, y por eso monitoriza a sus subordinados (que para él no son colaboradores, ni equipo). Ten en cuenta que este “tele-jefe” te va a estar contactando todo el rato para poderte controlar, ya que tampoco se fiará de esa plataforma.

– (Cli) Entonces ¿Qué necesito para poder hacer bien mi trabajo desde casa?

– (Str) Como te he indicado antes, debes tener un Outlook, que ya tienes on-line, para poder llevar un registro de lo que vas a hacer y de lo que estás haciendo (inicio, finalización, paradas horarias para descansos, programar reuniones, hacer o dar cursos, realizar videoconferencias…). Ten en cuenta que Microsoft está aplicando este concepto de trabajo on-line en su suite Office desde hace unos 12 años (Office 2007) y usando la nube desde hace uno 10 años (Office 365).

– (Str) Si partimos de cero, la empresa debe facilitarte una conexión empresarial rápida y fiable a internet (a partir de 300Mb sincronas sería perfecto), un ordenador, de sobremesa o portátil (en el caso de que tu no lo tuvieses), una licencia de Office 365 profesional, un acceso seguro a las aplicaciones empresariales en el servidor, ERP o CRM, y al guardado de lo trabajado en el servidor y no en local (en el disco duro del PC que tienes en casa), así como el software necesario para la ciberseguridad (hakers, virus…).

—-

Las conversaciones fueron más extensas en algunos casos, ya que querían concretar más en su tipo de trabajo. En el caso de que querais matizar más,  envianos las preguntas en Cantacto, indicando tu mail.

Contestamos todas las consultas que nos hacen.

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Transformación Digital Post-Confinamiento: Miedo a implantarla en tu Pyme

Es curioso ver como mucha gente habla de la transformación digital, de lo que es y lo que hace, pero casi todos los que hablan de ella, ni han visto lo que es realmente ni lo que puede llegar a hacer.

Cada vez hay más consultoras y revistas especializadas, como Forbes, hablan de la confusión que existe entre la Transformación Digital, la Digitalización y Renovación Tecnológica, intentando deshacer el embrollo.

Este enredo es debido a la saturación de lo que hablan los especialistas en renovación tecnológica, principalmente, ya que lo hacen para vender lo que tienen en cartera, no lo que necesita el cliente.

El miedo que los empresarios dicen tener a la Transformación Digital son dos: que es algo de moda pasajera no es para su empresa y que es un gasto sin retorno. Pero no es ni una moda ni un gasto, sino una realidad y  una inversión.

Estos miedos a la Transformación Digital, puede acarrear problemas reales, que afectan y afectarán al desarrollo de tu Pyme, aunque no se quiera ver.

Pero para poder empezar a explicar que problemas trae tener miedo, lo mejor es aclarar, de nuevo, que es Transformación Digital, Digitalización y Renovación Tecnológica.

La Transformación Digital no es un producto informático, ni una solución estándar que se compra y se aplica, ni mucho menos un software. Realmente es el paso de modificar una organización usando procesos innovadores, adaptando tecnología y cambiando la cultura corporativa anticuada arraigada en la empresa por la nueva con el objetivo de implementar nuevos modelos operativos y de negocio.

La Digitalización es realizar los procesos automatizados, a cambio de los manuales que hasta ese momento se realizaba, por medio de la informática. Es realizar los procesos que antes se hacían sobre papel y los repetitivos que constantemente se hacen una y otra vez. La digitalización más conocida es la que desde el 2000 se lleva implantando en las Pymes: escanear facturas y otros documentos que se reciben/envían en papel a documento digital almacenado en el disco duro del servidor.

Esto es lo más básico de la Digitalización, y la práctica totalidad de las Pyme ya lo están haciendo, por lo que parte de la digitalización ya está implantada, por lo que en algunos casos sólo queda son los avances que satisfagan a empleados y clientes: Nubes públicas o privadas, aplicaciones para móviles, servicios de almacenamiento en remoto, automatización de procesos repetitivos, análisis y gestión…

La Renovación Tecnológica es cambiar los actuales equipos informáticos por nuevos elementos, por estar obsoletos. Pero ¿realmente es necesaria esta renovación tecnológica total en nuestra Pyme? En la mayoría, en la inmensa mayoría de los casos, no es siquiera necesaria, solo adoptar ciertas innovaciones tecnológicas es más que suficiente.

Este tsunami ya no se parará, y nos ofrece una serie de oportunidades que la Pyme no puede dejar de lado. Si tu Pyme no cuenta con expertos cualificados, si hay una falta de apoyo de dirección o no se escoge al proveedor adecuado, es seguro que tu empresa quede rezagada respecto a tu competencia.

Al retrasar la implantación de la Transformación Digital, corres el peligro de entrar en dinámicas negativas, que hacen que tu empresa quede ninguneada por los clientes y que tu competencia deje de tenerte en consideración como su competencia.

Como es sabido y demostrado, el mercado es dinámico y vivo, ya que está en constante mutación y evolución, algo que ha quedado muy patente durante el confinamiento, y que sufriremos directamente en el post-confinamiento. A parte de este factor ambiental, que también podemos definir como factor sanitario con connotaciones sociopolíticas, evidentemente también tenemos claros factores económicos, que nos hacen cambiar el rumbo de nuestros planes de marketing, aun sin haberlos terminado.

Algunas de estas dinámicas negativas son:

1.- Reacción Lenta. Si nuestras infraestructuras internas, sean comerciales, informáticas o financieras, son en base a procesos analógicos obsoletos, incluso antes de del confinamiento (compras, transacciones bancarias, tramites, consultas, comunicación con clientes/proveedores…), es un obstáculo serio que no nos permitirá reaccionar con la celeridad que nos gustaría o con la que deberíamos. Esto suele ser motivo más que suficiente para que los clientes estén descontentos con nuestro servicio.

2.- Perder Clientes. Un cliente descontento, ha dejado de ser cliente. Los clientes son omnicanal. Estos desean tener experiencias personalizadas y satisfactorias, que se comunique con él por el mismo medio que lo hacen ellos. Tenemos que tener en cuenta que el actual cliente no es un consumidos inculto y desinformado, ya que tienen toda la información gracias al Internet de las Cosas (IoT – Internet of Things).  Como cliente de mis proveedores, antes de pedirles algo, consulto por internet cual es mi mejor opción y que otros proveedores tienen el producto y a que precio. Si das a tu cliente habitual un servicio con una experiencia “Wow!”, no tendrá la necesidad de comprar en otro lado. Si tu empresa no ofrece esta experiencia, serás uno más del mercado, por lo que el cliente irá a compra al más económico… hasta que encuentre al proveedor que le ofrezca la experiencia que busca, sin importarle excesivamente el precio.

3.- Empresa estática. Está estrechamente relacionada con punto de “Reacción Lenta”. Hoy es muy importante la movilidad, por lo que suele ser una de las piedras angulares de la Digitalización. Pero esta movilidad no es únicamente el que todos tengan móvil y tablet, si no que se debe diseñar una estrategia para aprovechar el crecimiento digital de la empresa, poder tener una presencia on-line adecuada y coherente con tu negocio, aprovechar las oportunidades de ventas y permitir tener teletrabajadores. Seguir como se ha trabajado los últimos 20 años (llamada de teléfono, mail y fax), nos hace ser una empresa analógica, estática y terriblemente lenta.

 4.- Perder ante empresas digitales. Las empresas que han nacido bajo la tecnología o las que han sabido adaptarse a ella, son las que han conseguido prosperar, incluso en época de Vacas Flacas, como en el actual post-confinamiento que nos está llegando. Si no sabemos adaptarnos o no queremos evolucionar (“si esto nos ha funcionado durante años, ¿Por qué debemos cambiar ahora?”), estamos en clara desventaja ante nuestra competencia real, por lo que perderemos las oportunidades de ventas, antes de poder pasar una oferta.

5.- Procesos analógicos. Seguir como hasta ahora sin aprovechar la tecnología actual, nos dejará sin la posibilidad de automatizar procesos, seguir con los errores y con nuestra “Reacción Lenta”, por lo que la competencia nos pasarán por delante sin entender el “¿qué ha pasado?”.

6.- Desarrollo de nuevos productos a destiempo. Descubrir una necesidad en el mercado, desarrollar el producto o servicio, probarlo, rectificarlo y actualizarlo, exige una gran agilidad y una plataforma de trabajo adecuada y flexible. De no cumplir con estos requisitos básicos, más los correspondientes al propio producto, el equipo de trabajo que lo desarrolla tardará en sacarlo al mercado, por lo que será obsoleto o habrá salido cuando ya no lo reclama el mercado.

7.-Equipos de trabajo no adecuados. Para cada proyecto se debe crear un equipo de trabajo adecuado. Esto quiere decir que debe ser multidisciplinar; o sea, en el equipo debe haber personal de ventas, producción, administración y financiero. Actualmente suelen ser desarrollado y creado únicamente por el director del departamento, por lo que los procesos de desarrollar el producto o servicio, probarlo, rectificarlo y actualizarlo, se hacen más lentos y suelen atascarse ya en el inicio, por no tener claro el concepto del mismo y por no realizar consultas necesarias a los clientes que lo reclaman. El líder del equipo no puede ser bajo ninguna circunstancia el director de uno de los departamentos implicados, sino que debe ser la persona con más conocimiento de dicho producto, pero que deberá apoyarse en el resto de especialistas de cada área, y teniendo en cuenta lo que pide el cliente.

8- Incumplimiento de Contratos. Cada vez más tenernos normativas y leyes que nos penalizan ante nuestro incumplimiento de contrato. Si no tenemos en cuenta estas normas reguladoras y no las tomamos enserio, corremos el riesgo que tener penalizaciones y denuncias por incumplimiento. La digitalización es fundamental en el seguimiento de los trabajos a realizar. Trabajar con la hoja de cálculo tradicional para realizar este proceso es, aunque no lo consideres así, un trabajo analógico y obsoleto y que no se adaptan a los requisitos de los organismos reguladores.

9.- Perdidas de ROI. No tener tu empresa con la transformación digital mínima adecuada, es un claro ejemplo de que el retorno de la inversión no se realice nunca. La virtualización, la nube, el Big Data o Small Data, las analíticas, empiezan a ser fundamentales para que las empresas puedan dar la experiencia requerida por el cliente. Una Hoja de Ruta hacia la transformación digital debe contemplar la implementación de la tecnología necesaria (ni en exceso ni en defecto), y nos posibilitará que el RoI sea realizado en el plazo correctamente diseñado.

Según artículos que podemos estar leyendo desde finales de 2018, nos dice que el 40% de las empresas españolas tienen la capacidad de poder dar el salto hacia la Tranformación Digital, pero estudios realizados por el Gobierno de España, al inicio del confinamiento, indicaba que sólo el 7% habían dado este salto y sólo un 17% restante estaban con la tecnología necesaria para poder hacerlo. Debido a la crisis sanitaria, las Pymes han frenado este avance tecnológico, ya que muchas todavía piensan que la informática (y la tecnología en general) es un gasto que la empresa no puede asumir, y no una inversión con ROI a corto o medio plazo (entre 3 y 12 meses).

Ahora la pregunta es sencilla: ¿Cuándo quieres avanzar?

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Y después del confinamiento… El Smart Workplace.

Contrario a lo a la creencia popular, el Smart Working pocos empresarios avispados lo quieren en su transformación digital, ya que eso de “trabajar cuando sea y desde donde sea”, se ha demostrado poco productivo: se trabaja más horas que un reloj, aunque estés de vacaciones y en la playa y produce la insatisfacción del teletrabajador, por lo que a la corta, el rendimiento y la productividad cae en picado.

Pero en cambio todos están adaptando  y rediseñando sus entornos y puestos de trabajo, modelos de negocio, conceptos y prácticas de trabajo, con el objetivo de mejorar la productividad, satisfacción, compromiso y rendimiento de sus empleados: el Smart Working.

Dos palabros muy parecidas, pero de conceptos muy diferentes, que genera confusión.

La Revolución del Smart Workplace 

El Smart Workplace es un concepto, no tan nuevo como muchos piensan, que ayudar a las empresas y profesionales, a alcanzar su máximo potencial y rendimiento dentro del Post-confinamiento, este nuevo escenario que nos está llegando a marchas forzadas y que pocos ven como adaptarse.

Para generar todo esto, se debe realizar un buen estudio del puesto de trabajo del futuro, del puesto de trabajo inteligente, del Smart Workplace. Esto se realiza maximizando las tecnologías necesarias en cada caso y el diseñando los espacios para fomentar la colaboración, felicidad y motivación de los empleados. 

Esto no deja exento el impacto que la transformación digital deja o puede jedar en las empresas y profesionales, así como el impacto de la flexibilidad y del Tele Working en la productividad de los equipos.

Tras analizar todo ello se hace entrega a la empresa las conclusiones mediante consejos y recomendaciones para implementar, potenciar y maximizar estos nuevos entornos inteligentes y nuevos modelos de trabajo.

El entorno de trabajo, en especial el puesto de trabajo, está cambiando internacionalmente, y España no es un país aparte que no le afecte.

Estos cambios se verán cada vez más a partir de este próximo septiembre, ya que los avances en la tecnología, un cambio generacional de líderes (no de jefes) y las diferentes formas en que las empresas se ve obligado a trabajar de cara con sus clientes, los cuales están cambiando sus hábitos a causa del confinamiento, y que seguirán aplicándolos en el post-confinamiento, que están impulsado la necesidad y la demanda de un nuevo tipo de puesto de trabajo más eficiente e inteligente.

Para poder ir al ritmo de los clientes, de los nuevos comportamientos ya se empezaron a entrever desde mediados de 2019 y, debido a la pandemia, se ha incrementado en demasía rapidez durante la pandemia y ahora, en el Post-confinamiento, va a tener una mayor incidencia la Digitalización por parte de los clientes y compradores compulsivos.

Es por ello que la mayoría de Pymes europeas, y España debe afanarse en coger este ritmo, están rediseñando y digitalizando sus entornos, modelos y prácticas de trabajo con el objetivo de mejorar la productividad, satisfacción, compromiso y rendimiento de sus empleados.

Las empresas deben empezar a concienciarse en que tienen que gestionar las expectativas de sus trabajadores, con una composición de profesiones, especializaciones y talentos cada vez más diversos, por lo que deben abandonar la base de la antigua cultura empresarial y crear una cultura corporativa que comunique los valores de la empresa hacia el cliente, pero a través de los trabajadores.


Strolabi y el análisis de Smart Workplace en tu empresa
Es muy importante tener en cuenta y reconstruir, “Transformar”, los diferentes elementos que componen los Smart Workplace, que no sólo incluye la el diseño del espacio y tecnología del puesto de trabajo digital, sino también las políticas de trabajo flexible y, especialmente, la brecha entre las expectativas depositadas por los empleados y lo que ofrece la compañía.

Desde Strolabi realizamos estos análisis e informes, ofreciendo las recomendaciones y sugerencias a las empresas que desean actualizarse a la “nueva normalidad” y a la nueva cultura empresa-cliente que está llegando como un tren de alta velocidad, sin parada en apeaderos ni en estaciones intermedias. Y esto se traduce en el diseño de mejoras para crear Smart Workplace, tanto para trabajadores internos o in situ, como teletrabajadores externos o a distancia, y satisfacer las necesidades cambiantes del mercado.

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Como será la Ley del Teletrabajo

Todos hemos visto como ciertas áreas tecnológicas están sin legislar y es un caos a la hora de llegar a acuerdos entre los trabajadores y la patronal, así como los abogados y jueces si se llega a mayores.

Pero por motivo de la Pandemia sufrida y que en algunos de los países más representativos de uso de la tecnología, y que ha habido de todo y a todo se le ha llamado “teletrabajo”, como ya es sabido se está generando la ley para regular el teletrabajo y que no continúen los desmanes y desaciertos en esta forma de trabajar.

Realmente ya llevamos casi 20 años (y en algunos casos llevamos incluso más años practicándolo), pero era casi un total desconocido para la inmensa mayoría de empresas y, más desafortunadamente, para trabajadores de cierto estatus o con puestos relevantes a realizar el trabajo desde fuera de la oficina.

Y ahora, aunque conocido, las informaciones contradictorias, tanto por gente que no sabe de lo que habla, como por los que desean hacer creer a otros que dominan el tema, más los que les interesa desconcertar a los clientes para llevarse el gato al agua, nos encontramos con una confusión sobre lo que es y lo que no es, lo que se debe hacer y lo que se permite hacer, que afortunadamente el Gobierno de España ha tenido que tomar cartas en el asunto y realizar los pasos para que se apruebe una ley que lo legisle mínimamente.

Estamos en el punto del anteproyecto de ley, sobre el que se realizarán modificaciones “políticas” de matices, más que de cambios sustanciales.

El texto del anteproyecto establece que las empresas deben pagar “en su totalidad” los gastos derivados de esta actividad laboral, tanto los directos como los indirectos.

Otro punto que es considerado como indispensable es el que el trabajador tendrá derecho al horario flexible. Aunque esto está intrínseco en el Tele Working, se deja claro para evitar interpretaciones hacia el Remote Working o el Smart Working, los cuales tienen un sistema de horario más espartano.

Diferencias entre Teletrabajo y Trabajoa Distancia en el anteproyecto de ley

Lo primero que llama la atención es que la ley no es realmente sobre el teletrabajo, ya que da error a confusión, sino que la ley realmente es sobre el TRABAJO A DISTANCIA.

A parte de que los gastos derivados por el trabajo a distancia correrán a cargo de la empresa, respecto a la flexibilidad horaria, la ley indica que el trabajador, previo pacto con la empresa, podrá “alterar” su jornada, pudiendo empezar y terminar como se determine, aunque la ley pone límites ya que debe respetar la normativa vigente sobre los tiempos de disponibilidad del trabajo,

El nopmbre oficial de la ley es “Ley de Trabajo a Distancia”, como he indicado antes, y lo primero que hace esta ley es diferenciar y definir la diferencia entre Teletrabajo y Trabajo a Distancia.

Según esta ley, Teletrabajo es “el trabajo que se realiza mediante el uso exclusivo o prevalente de medios y sistemas informáticos, telemáticos y de telecomunicaciones”. Mientras que Trabajo a Distancia es “el trabajo que se realiza desde el lugar que elige el trabajador durante la jornada laboral o parte de ella, diferente al puesto de trabajo in situ en la empresa”

Puntos destacados de la Ley

A parte de diferenciar entre Teletrabajo y Trabajo a distancia (aunque son similares), también hay que destacar otros puntos de interés.

Voluntariedad.

De momento el trabajo a distancia no es obligado, pero si voluntario y optativo para el empleado, que debe estar reflejado en un acuerdo laboral por escrito entre este y el empresario. Este acuerdo deberá incluir el inventario del material necesario para desempeñar correctamente esta función, un documento de compensación de todos los gastos directos o indirectos, el horario, el centro de trabajo al que el trabajador estará adscrito y los medios de control que utilizará la empresa.

Elección de horario.

El artículo 13 de este anteproyecto indica que entre trabajador y empresario se podrá pactar el inicio y finalización horaria de trabajo, así como los tiempos de descanso establecidos por ley. Pero de la misma forma que la ley evita que el trabajador pueda realizar más horas que un reloj, también evita que el trabajador pueda aprovecharse de la empresa, ya que dentro de esta flexibilidad, deben incluir todas las horas que debe realizar el trabajador, se diaria o semanal, así como los días de trabajo.

¿Quién paga los costes?

Aquí el anteproyecto es muy claro: no puede suponer un gasto directo o indirecto al trabajador, por lo que los equipos, herramientas y medios vinculador con su desempeño laboral debe ser suministrado por la empresa. Aunque deja una puerta abierta para que pueda realizarse otras formulas de compensación mediante complementos específicos en nómina.

Fuerza Mayor.

Debido a la crisis sanitaria que estamos sufriendo con la pandemia, a las empresas se les exige que cuando ocurran de nuevo circunstancias similares, incluidas las medioambientales que aún nos tiene que llegar, las empresas, en caso “de fuerza mayor”, deberán dirigir su esfuerzo al Trabajo a Distancia, en el 60% de la jornada.

Desconexión Digital.

El derecho a la desconexión digitales la limitación al uso de las tecnologías estrictamente en horario laboral legal, para poder garantizar los tiempos de descanso y vacaciones de los teletrabajadores. Esta desconexión está garantizada en España en base a la ley de protección de datos personales y garantía de derechos digitales. Pero el anteproyecto va más allá, puntualizando sobre los derechos de los teletrabajadores, ya que esta establece taxativamente “el deber de la empresa de garantizar la desconexión conlleva una limitación absoluta del uso de los medios tecnológicos de comunicación para el trabajo durante los periodos de descanso”.

El objetivo primordial de este punto de la ley es la de evitar el Smart Working (trabajar desde cualquier sitio y en cualquier momento) por las empresas, ya que se considera demasiado desproporcionado y sin control alguno para el trabajo que debe realizar cualquier teletrabajador.

Igualdad.

Se deberá vigilar especialmente que el Trabajo a Distancia no genere desigualdades de cualquier tipo, ya que los que se encuentran trabajando fuera de la oficina deben tener los mismos derechos que quienes acuden físicamente a la empresa. Por ello se hace hincapié en que “no sufrirán perjuicios en sus condiciones laborales, incluyendo retribución, estabilidad en el empleo y promoción profesional”, así como tener al día los protocolos contra el acoso.

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