Expectativas Vs Miedos

¿A cuántos de nosotros NO le gustaría tener éxito?

¿Cuantas personas conocemos que sólo buscan la mediocridad?

¿Cuántos conocemos que quieren fracasar intencionalmente?


¿De forma intencionada?, no creo que conozcamos a nadie, aunque seguro que conocemos a bastantes que están atorados en la mediocridad.

Si todos queremos tener éxito, ¿por qué hay tan pocas personas que lo logran?


Uno de los muchos motivos por los que no se consiga el éxito, o dicho de otra forma la eficacia, son las expectativas negativas, los miedos.

Cuando somos comerciales, consultores, técnico… y nuestro jefe nos pide que le demos nuestra expectativa, nuestra previsión mensual (por ejemplo), nosotros ofrecemos una valoración o expectativa  sobre lo que creemos que podemos tardar en hacerlo, con nuestro trabajo y del tiempo que creemos que podemos disponer, sin interrupciones.

A partir de en ese momento, incluso en el mismo momento de responder la pregunta,  nos empieza a surgir el miedo que, si no lo controlamos, nos paralizará más tarde.

Ese miedo no es la consecuencia de hacer o no hacer lo que hemos valorado en la expectativa, sino  que es la propia expectativa de lo que nos imaginamos que nos pasará si no conseguimos el objetivo valorado.

Y ante este temor, un miedo de algo que no existe, nos quedamos paralizados. Y para evitar esa sensación, ese miedo, no queremos pasar de esa mediocridad, no nos lazamos a la piscina, ni valoraremos, o daremos una expectativa con unos tiempos o valores exagerados a la realidad.

Pero esto no le pasa sólo al trabajador o colaborador, sino que el peor de los miedos en una empresa suele tenerla los jefes de equipo o departamento, ya que siempre quieren quedar bien con su superior. Quedar bien, no ser eficaces, que les importa bien poco, en muchos casos.

Por ello, en cuanto las expectativas empiezan a no ajustarse a lo que él a previsto, le entra miedo y empieza a culpabilizar a todo el mundo (un trabajador de su equipo, otro departamento, gerencia, cliente, mercado, políticos…).

Si tenemos miedo a ser eficaces, tenemos un doble problema: el que no nos deja avanzar y el que nos dará un resultado negativo de cara a la empresa en la que trabajamos. Problemas que sólo podremos despejar de forma rápida y consecuente, si tomamos conciencia que lo estamos haciendo, podemos responsabilizarnos de nuestros actos y podremos ser mucho más eficaces. Si lo vemos pero no queremos responsabilizarnos, deberemos pasar por manos de un profesional. Visitar a un profesional para aprender a controlar nuestros miedos, no es malo sino todo lo contrario, y hace que avancemos más rápidamente de lo que haríamos por nosotros mismos.

La expectativa de ser eficaces es nuestra creencia, lo que sabemos realmente, que podemos ejecutar correctamente el comportamiento requerido para obtener los resultados esperados. Y aunque suene a falacia o a algo imposible, realmente es mucho más fácil de conseguir de lo que podemos llegar a creer.

Pero los miedos no nos dejan verlo. Ni conseguirlo

¿Por qué comento el tema de Expectativas Vs Miedos? Porque los miedos sobre las expectativas es lo más frecuente ante cambios que van pasando en el entorno en el que nos movemos.

Lo más normal del mundo es que justamente El Mundo está siempre en movimiento, no es estático, por lo que la creencia de que debemos quedarnos en nuestra zona de confort es sumamente irreal (“virgencita, virgencita, que me quede como estoy”), ficticio y una falacia “como la copa de un pino”.

Si el mercado va en dirección hacia la que marcan los clientes, el entorno se digitaliza y utiliza unas acciones digitales para su beneficio, lo que no podemos consentir es que por miedo a que nuestra zona de confort no se mueva de su sitio, nos quedemos anclados en una burbuja en la que queremos que el tiempo quede parado, y además en nuestro mejor momento.

Recuerdo que hace unos años fui a visitar a una empresa, creo recordar de importación.

Una empresa en la que el más joven tenía más de 50 años. que estaban pensando cerrar, ya que los beneficios empezaron hace tiempo a no ser reales.

Me llamaron ya que tenía un problema con las comunicaciones y la conexión a Internet.

Cuando llegue, la mayoría de los usuarios usaban los ordenadores como si se tratasen de máquinas de escribir (los dos que los tenían). La contabilidad y los pedidos los hacían a mano, y los mails los enviaban desde un único PC, casi más antiguo que cualquiera de ellos, ya que preferían seguir enviando y recibiendo la información y los pedidos por fax.

El problema era que el modem dejó de funcionar (sí, he dicho modem). Cuando le comenté que ya no habían módems de 56k en el mercado y que debían contratar una línea ADSL, me comentaron que todas esas modernidades de la informática, era una moda pasajera que no merecía la pena gastar ni un euro en ello.

Tras 3 visitas para convencerlos de que debían modernizarse y cambiar los equipos (por cierto el PC conectado al modem era un 286), conseguí que pusieran una línea síncrona de ADSL y un PC actualizado para el ruter que le ponían.

El modernizarse les implicó contratar a una administrativa que les llevara las comunicaciones.

Al principio, me llamaron de todo, ladrón fue lo más suave, ya que entendían que sus expectativas no se estaban cumpliendo, ya que estaban pagando un sueldo de más, sin ver resultados inmediatos.

A los pocos meses uno de los socios (el más reticente a los cambios) se fue de la sociedad, se jubiló con algo más de 70 años. Al cabo de seis meses, el socio que quedó (que tenía la misma edad, por cierto), me llamó para que le actualizase toda la informática, ya que tenían que ampliar la plantilla y debían de coger personal más especializado y cualificado.

Me comentaron que sólo por poner una línea ADSL y dotar a todos los PC con conexión y correo electrónico, habían conseguido crecer un más de un 50% respecto a antes de la jubilación del socio, ¡y sólo en 6 meses!

Hace menos de dos años, poco antes de la pandemia, los llamé y me comentaron que los dueños estaban jubilados y que unos familiares habían tomado el relevo. Pasaron de ser 4 en un despacho de 30 metros cuadrados, con un fuerte olor a madera mohosa y vieja,  a tener unas oficinas modernas y de diseño, en 22@ de Barcelona, con algo más de 15 trabajadores, de unos 150 metros cuadrados y una facturación del triple de hacía 10 años y con vistas a seguir creciendo.

¡Incluso estaban totalmente conectados a la nube!

Por lo que podían estar de viaje y seguir conectados como si no hubieran salido para nada de la oficina.

El motivo de contar esta historieta, real, os lo puedo asegurar, es para que se pueda ver que en cualquier época ha pasado y está pasando lo mismo en día en demasiadas empresas, y ya no sólo pymes. No es un motivo ni de crisis ni de virus, ni de confinamientos. Sólo de miedos.

Como se encuentran seguros dominando lo que les había funcionado en el momento de mayor éxito de la empresa, no desean cambiar nada. Ni pasar a lo digital.

Debemos tener en cuenta que lo que hagamos en todo momento, desemboca siempre en hechos que determina nuestra experiencia, y esta nos permite avanzar.

Las empresas sólo evolucionan y avanzan a base de realizar acciones, de experimentar, lo que desemboca a tener una experiencia, positiva o negativa, que nos permite potenciar lo positivo y a cambiar lo negativo. Lo que se denomina “pruebas de éxito/error

Esta experiencia que las empresas adquirrimos durante el proceso de realizar acciones, nos dota de un poder que no proviene de los hechos de los posicionamientos de mercado, sino que proviene de los hechos de la posición interna con relación a esas experiencias.

Si no queremos realizar acciones ni experimentar, estamos condenados a la desaparición.

Si queréis avanzar, la primera acción a realizar es digitalizarse.

Y en Strolabi estamos para acompañaros en esta transición digital, para ir asesorando en potenciar los aciertos y en descartar los errores.

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