Y después del confinamiento… Trabajar desde casa

Mucho se ha hablado de lo malo que es trabajar desde casa (y muy poco de lo bueno), pero siempre desde la peor visión del empresario, junto con la vertiente de la conciliación del teletrabajador, como si fuesen problemas omnipresentes.

Siempre visto como un gran impedimento para la Pyme. Como un inmenso hándicap para el teletrabajador. Haciendo incidencia en la mujer más que en el hombre, como si la diferencia del sexo femenino incrementase el coste por ese trabajo en casa y perjudicase su productividad.

Estos artículos siempre comentando lo malo que es trabajar desde casa, sobre todo con hijos que debemos cuidar, como si se tratasen de dependientes absolutos, como si tuviesen alguna deficiencia de movilidad.

Bien es cierto que antes de los confinamientos existían un porcentaje muy bajo de teletrabajadores que tenían que apremiar esta conciliación, por tener a su cargo algún pariente con esta movilidad restringida, pero según se extrae de los cientos de miles de artículos que podemos encontrar en Internet, de repente han aparecido millones de estos teletrabajadores en España con este problema familiar.

Absurdo, ¿no?, pero es lo que podemos desprender de la lectura de todos estos artículos, y casi sin excepción.

Y no voy a escribir un artículo derrotista, quejumbroso y negativo. No.

Desde Strolabi nos negamos a ver el post-confinamiento como un castigo por haber trabajado mal, como una desgracia mitológica egipcia, nórdica o helénica.

Lo tienes que ver como lo que realmente es: una inmensa oportunidad de incremento de productividad en tu empresa.

Ya se ha demostrado con creces, incluso con las nuevas leyes nacionales, que las Pyme lo tienen que poner en práctica más pronto que tarde, y debes darte cuenta de las grandes ventajas y los grandes beneficios, que esta modalidad de trabajo (no tan nueva, por cierto) puede aportarte.

Es cierto que todavía hay quien opina que esta forma de trabajar perjudica al negocio, en especial para la pyme, por lo que intentaré disipar un poco esta falacia, enfocándolo de forma positiva tanto en la vertiente del teletrabajador, como desde el empresario.

Lo primero es tener con un espacio físico donde poder trabajar a gusto, al igual o mejor que en la oficina. Siempre se habla de que se debe tener una mesa dedicada exclusivamente para este menester, como si todos los trabajadores dispusiéramos de casas de más de 100 m cuadrados.

Tenemos que tener en cuenta que hay mucha gente que trabajan casas entre 15 y 50 metros cuadrados.

Esto ni es un impedimento ni es una desgracia.

Es lo que hay hoy en día y debemos adaptar este espacio a nuestra nueva forma de trabajar.

El trabajador debe crear un ambiente de trabajo cómodo y libre de distracciones e interrupciones.

Lo primero que se debe tener es una conexión a internet relativamente rápida, para conectarte a los programas de la empresa (a la plataforma de trabajo que necesita el teletrabajador), una muy buena iluminación (un simple flexo de sobremesa con bombilla de luz blanca es lo básicamente perfecto), estar todo ordenado (se terminó tener desparramado papeles y elementos de escritura, gracias a la digitalización) y un terminal digital adecuado al trabajo, que bien puede ser un PC de sobre mesa o un PC portátil. Las Tablet y los smartphone para esta modalidad de trabajo, debemos desecharlos y no caer en el error del autoconvencernos de que son válidos. Son lentos y de pantalla excesivamente pequeña. Para momentos puntuales breves de trabajo fuera de este espacio de trabajo, de visita a un cliente, si son recomendados, pero para tiempos inferiores a los 20 minutos.

Con ello la empresa consigue que el trabajador esté más centrado en su trabajo y se evita que realicen pausas innecesarias, como hablar con compañeros de temas mundanos (el partido de futbol, la fiesta del sábado por la noche, los pormenores de los problemas privados, los logros del hijo,…).

En definitiva, tanto para el Teletrabajador como para el empresario, se consigue una mayor productividad.

Debemos tener hábitos de puntualidad y ganas de querer iniciar nuestra jornada laboral, incluso con más entusiasmo que cuando vamos a la oficia. Estás en tu mejor área de confort, por lo que estas más relajado. Tienes que aprovecharte de ello.

Gracias a que no se debe utilizar parte del tiempo en trasladarnos a la oficina, una de las grandes ventajas, podemos estar en nuestro Smart Working en el momento previsto. Bien porque la empresa nos obliga a “fichar” al inicio del trabajo, bien porque debemos tener el hábito para poder trabajar con constancia, centrados y sin distracción alguna.

Debemos despertarnos temprano, a la misma hora que si nos fuésemos a trabajar a la oficina, hacer los quehaceres habituales de antes de salir, asearnos debidamente,  vestirnos y desayunar sin prisas.

Ponernos delante del ordenador en pijama o ropa poco adecuada para una jornada laboral es una costumbre a erradicar, ya no por el tema de las videoconferencias, que se producirán en la mayoría de los teletrabajos, sino en especial por la actitud, que esa positividad nos acompañará todo el día.

La corbata ya no es necesaria, en mucho de los casos, pero psicológicamente ponerte en chándal o con ropa más propia de vacaciones, sin asearnos y una presencia con dejadez, es tremendamente contraproducente.

Debes tener un hábito igual o similar a la que tienes cuando te desplazas a la oficina.

En definitiva, el teletrabajador está más cómodo trabajando y se consigue una mayor productividad.

El uso de la agenda electrónica para sincronizar las videoconferencias es fundamental: si necesitas estar en contacto diario con tus compañeros de trabajo, tus socios o tus clientes, para concretar temas de proyectos y evitar confusiones, eliminando tiempos de desplazamientos inútiles y tiempos de esperas a que el anfitrión este libre para la reunión…

Antes del confinamiento, sin el teletrabajo, hacer una visita de 45 minutos a un cliente en tu misma localidad era el equivalente a unos 10 km de distancia, por ejemplo, implicaba salir casi una hora antes de la reunión, si vas en coche, tardar tiempo en encontrar un aparcamiento lo más próximo posible (gasto de combustible), esperar entre 5 y 15 minutos a que el cliente pueda atenderte, recoger todo el tinglado que se haya desparramado en la reunión, sacar el coche del aparcamiento (gasto del parking), desplazarte de nuevo al puesto de trabajo con el coche y volver a buscar un aparcamiento cerca (más gasto de combustible y pago posterior del parking), llegar a la oficina e introducir la conversación en el CRM (con la posibilidad de olvidar datos que pueden ser relevantes)…

En definitiva cerca de 2 o 2’5 horas para la reunión, gastos a la empresa y nervios al trabajador.

Con el teletrabajo, tienes tiempo de prepárate la reunión desde casi una hora antes. Si el cliente no puede estar contigo, te puede avisar 5 minutos antes de la reunión y si no lo hace, no pasa nada. La reunión puede prolongarse más del tiempo estipulado, sin problema para nadie. Durante la presentación, no hace falta hacer herramientas analógicas, sino todo telemático. Durante la reunión puedes estar rellenando el CRM con la conversación, en tiempo real, y cuando finalice, se puede hacer un resumen de lo más importante, sin omitir ni un solo detalle, que a veces es de suma importancia.

En definitiva, tanto para el Teletrabajador como para el empresario, se consigue una mayor productividad y reducción de costes.

Una vez que el horario de la jornada laboral ha terminado, apaga el ordenador y disfruta del resto del día. Y lo puedes conseguir mucho antes que si te desplazas desde la oficina a tu domicilio, u otro lugar que tengas/quieras estar.

Se debe tener muy en cuenta que con el teletrabajo, además de la alta productividad, se puede conseguir un equilibrio óptimo entre tu trabajo y tu vida privada.

Y al tener más vida privada, volvemos a uno de los primero puntos,  ya que al estar en tu área de confort, estas más relajado y estarás más predispuesto a volver al día siguiente de nuevo al trabajo.

Tienes que aprovecharte de ello.

En definitiva, un Teletrabajador contento con su calidad de vida, consigue una mayor productividad.

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