Un esbozo sobre el post-confinamiento

Poco a poco se constata que por un motivo u otro no se vuelve a la vieja normalidad, y eso produce ansiedad y deseo todavía más fuerte de aferrarse a nuestra esencia, de generar nuestra zona de confort, de sentirnos seguros.

Aunque a nivel consumo se está en modo crisis económica, se sigue viendo un esfuerzo por recurrir a los viejos ritmos de compras, a poner en marcha los planes diseñados, a esos viajes que teníamos previstos, a esas reformas que deseamos…

Estamos en la Post-verdad (Post-Truth) y se tiene una percepción que hace 10 años no se tenía de la toxicidad y del ruido que hay en Internet.

Tener miles de “amigos” en las redes sociales ya no es divertido y actualmente no tiene sentido tenerlos, ya que se generan fricciones a causa de visiones distintas del mundo.

La Transformación Digital hoy, incorpora nuevas tecnologías digitales. Realmente es una Transición a nuevas formas de producir y trabajar, fragmentando los procesos y adaptándose a los nuevos ritmos del “mercado”; del Time to Market al Time to Test, de la fragmentación del mercado de consumo de nichos, a las estrategias de expansión de mercados.

Todo ello produce una aceleración en los ciclos de la forma de compras y en el resto de procesos en general de la empresa.

Asimismo han confluido una serie de nuevas condiciones en esta mueva transformación digital, bastante diferente a la que teníamos hace apenas 5 años, que debemos tener muy presente y aceptar esta nueva realidad, como es la desinflación del Hype de la digitalización, que coincide con coordenadas “post-digitales” y con la madurez de una cultura digital asimétrica.

También el Figital que se prometía como la nueva revelación en 2018, de las ventas on-line desde tiendas off-line, se ha visto degradado a una mera anécdota de moda tecnológica.

El “pupose-driven”, o los nuevos modelos de la gestión de organización, basados en las motivaciones de los trabajadores hacia su empresa, va tomando más aceptación, y los Soft-Skills entran en juego como un valor de talento añadido de los trabajadores.

El purpose-driven no es una metodología, como ciertas creencias así lo indican, sino que es un enfoque, aunque si existen metodologías para llegar a él. Es la nueva perspectiva para promover la visión y/o misión de la empresa, mediante un nuevo enfoque de su cultura total y su estrategia, dirigido a generar un impacto diferente al de los beneficios económicos, como puede ser el posicionarse en el nº 1 de su mercado, el reconocimiento sectorial… entre muchas.

Las tecnologías de la sostenibilidad y las biotech no son todavía estables, por lo que podrían generar una rotura a las formas de utilización de lo digital.

Sobre la transformación digital se han escrito cientos (miles) de artículos y está (y ha estado) en boca de mucha gente, asociándolo exclusivamente a la tecnología. Pero realmente es una transformación que penetra en la profundidad de lo cultural, así como en lo personal y en lo individual. Es un proceso que suele ser más lento que la propia velocidad de la tecnología y de los mercados.

Sigue siendo normal que se confundan los conceptos “digitalización” con transformación digital. La digitalización, en el contexto corporativo, se utiliza para la incorporación de dispositivos, software y servicios digitales. Mientras que la transformación digital se refiere a los impactos en la sociedad, mercado y, sobre todo, en la economía de la empresa, pero más específicamente en los modelos de negocio o la sostenibilidad económica que generan esas tecnologías digitales.

Provoca un sentir de urgencia, por la presión de la competencia, la aparición de nuevos modelos de comunicarse, o por las nuevas formas de consumo, en especial por la expectativa de la obtención instantánea de lo adquirido.

La nueva cultura empresarial da soluciones que no son tecnológicas, como la producción Agile, la información centrada en el usuario para ajustar la oferta a la demanda, cada vez más de nicho y, sobre todo, a la personalización.

Desde hace tiempo se ha estado utilizando el tan aclamado multicanal, con información demasiado fragmentada, que transmutó a la transmedia, que exigía unir esa información entre los canales utilizados por la audiencia. Y al final se ha llegado al llamado omnicanal, que ha sido otra cosa que la transición de los anteriores entre los dispositivos o entre las plataformas y no ha sido tan transgresor ni dramático como se había escrito.

Se tiene que asimilar que lo digital no es novedad ni es moda y que lleva mucho entre nosotros (creo recordar que desde antes que se hablase del efecto 2000) y ya lo hemos tomado como algo normal y habitual (smartphones, redes sociales, videoconferencias, teletrabajo, e-Commerce, coches con ordenador abordo, geolocalización…) y es absurdo negar que se está utilizando de forma diaria, en especial por las empresas.

Lo digital también es cultural, que ha venido a convivir con viejas formas de hacer y, a su vez, con lógicas más innovadoras.

Y es la empresa quien debe tomar las decisiones para encontrar un equilibrio entre evolución y pervivencia, es la sabiduría y la ética de este equilibrio el gran qué para esta década en la que hemos entrado, aunque parece (y sólo parece) que no con un buen pie.

A parte de todo ello, se debe tener muy en cuenta que la tecnología ha entrado en la madurez digital, ya que los clientes y empleados de las empresas, los usuarios en general, utilizan multidispositivos para estar conectados e incluso con varios de ellos a la vez; PC, portátil, tablet, smartphone, play…).

Pero decir que la tecnología digital está en plena madurez o decir que está de lleno en el “post-digital”, no es sinónimo de declive, sino todo lo contrario; está de lleno en su mejor momento. La inmensa mayoría de los humanos la usa y empieza a aprovecharla para sus interacciones, sean laborales o particulares, de una forma habitual y natural.

Al haberse introducido todo lo digital en nuestro día a día, ha provocado nuestra adaptación y adopción a toda esa “nueva” tecnología, a la nueva forma de trabajar, de relacionarnos, de una manera transversal.

Ha dejado de ser “futuro” para convertirse en “actual”, en post-digital.

Esta madurez digital hace impensable estar en una empresa escribiendo con “lápiz y papel” o con máquina de escribir, de enviar cartas o un mailing por correo ordinario, o de mantener reuniones de negocio y trabajo presenciales con compañeros, jefes y clientes.

La mardurez digital nos indica que toda la digitalización lógica ya la tienen implantada las empresas, ya que se escribe con programas específicos para cada caso desde el ordenador, se usa suites de videoconferencias para las reuniones, whatsapp y e-mail para contactar con los clientes, compañeros y jefes, así como sondeamos el mercado de la competencia o de RRHH, con un solo clic. Y lo encontramos tan lógico y habitual que ni nos preguntamos como lo hacíamos antes, hace 5 o 10 años.

Aunque tampoco nos debe extrañar si empresas de diferente índole, sector o tamaño están en un largo proceso de adopción o adaptación, como la administración pública, que aun gestionan todo en papel, por muchos ordenadores que tengan.

En resumen, la madurez digital, el cambio de cultura, los nuevos modelo de negocio, la nueva forma de trabajar y los nuevos procesos, son los que obliga a la empresa a digitalizarse, a transformarse digitalmente, para encontrar un equilibrio entre evolución y pervivencia, dirigido a generar un impacto diferente o paralelo al de los beneficios económicos, como puede ser el posicionarse en el nº 1 de su mercado, el reconocimiento sectorial… entre muchos otros objetivos.

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La incertidumbre de la Transición en estos momentos

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A día de hoy, los cambios del entorno están creando una incertidumbre, y en base a ello las empresas debemos diseñar nuevas estrategias más adaptables.

Y la transición digital no está exenta de esta incertidumbre ni de la nueva estrategia adaptativa a diseñar.

Cuando todo parecía que más allá del debacle de la crisis sanitaria iniciada en marzo de este año no íbamos a ir, en la que muchos lo habían incluso llamado “inconveniente pasajero”, lo que nos ha llegado es la segunda ola de contagios de la Covid-19, anunciado desde hace meses y que pocos habían hecho previsiones para ello.

No por eso debemos acurrucarnos en el rincón más alejado de nuestra empresa, ponernos en posición fetal y llorar por nuestras desgracias, sino que es justo el momento de empezar a prepararnos para el Post-confinamiento.

En estos momentos que las incertidumbres más nos aprisionan y nos percatamos (o deberíamos hacerlo) que lo que llamábamos mundo se han transformado, y es cuando  debemos iniciar la transición.

La Covid-19 no es la causa del proceso de transformación del mundo conocido, sino que ha sido un acelerante que ha desencajado las piezas del tablero antes de lo previsto. Pero con demasiada lentitud, debido a las inercias de la vieja normalidad, se vuelven a encajar en otras configuraciones. Pero esto, nuestras empresas, pueden acelerarlo antes que las empresas de la competencia, si así lo deseamos.

Esta transformación no ha sido súbita, ni debida al impacto de la crisis sanitaria en exclusiva, muchos “síntomas” de esta transformación que estamos viendo venían de largo, lleva unos 20 años en marcha, aunque muchos no hemos querido verla.
Algunos de los indicativos de esta transformación, los noticiarios llevan anunciándolo, tanto por Internet, como en diarios o en TV:

– La transformación de la economía global, se venía anunciándose de hace más de un año que estábamos entrando en una segunda una crisis económica mundial, aparentemente.

La transformación urbanística y económica de las ciudades, en la que Ámsterdam ha sido el ejmplo más claro de este nuevo paradigma

– transformaciones en la movilidad en las ciudades, en las que se aboga por los transportes más ecológicos (transportes públicos y bicicletas principalmente), anulando zonas principales de economía de la urbe al paso de vehículos.

– La desvalorización de los vuelos en avión (por motivos muy distintos a los actuales),y que la punta del iceberg eran las bajadas constantes de los precios y bonos de cuota fija para empresas o directivos, sin importar la cantidad de vuelos realizables.

– La mayor valoración en los viajes entre ciudades por medios más sostenibles: tren, autobuses de línea, coche de alquiler…

– La degradación de los estados de bienestar, en especial por las zonas de confort.

– La privatización de la sanidad pública, que ha resultado equivocada e insuficiente.

– el crecimiento del e-commerce, aunque el ritmo totalmente actual a raíz de la crisis lo ha disparado 5 veces más de lo previsto.

Llevamos años que la OMS, y otras instituciones internacionales, venía advirtiendo de la posibilidad Lo de que ocurriera una pandemia, más o menos agresiva como la actual, aunque todos hacíamos caso omiso.
Lo que era totalmente impredecible es que específicamente viniera de un coronavirus. Era imposible adivinar como iba a llegar, ni cuando, ni que iba a ser ése.

No se puede predecir el futuro, pero sí entender con una mirada que atienda la complejidad el mundo.

Ya hemos dibujado como estamos en la actualidad. Y no, no es tan negativo como parece, ni mucho menos.

¿Y ahora qué?

De momento estamos de lleno en la crisis sanitaria mundial, y no tenemos previsión de saber cuando empezará definitivamente el “post-confinamiento”, el después de la Covid-19. Ni la OMS ni ningún ministerio de salud de ningún país, europeo o del resto del mundo, pueden predecir cuando sucederá. Se puede estimar el cuando, pero nunca asegurarlo.

¿Qué podemos hacer para sopesar y maniobrar en tiempos de incertidumbre y de desestabilización?

Es evidente que los planes de choque no han acabado y se siguen desplegando a medida que nuevos impactos y eventos derivados de toda esta drástica situación van emergiendo.

El objetivo de su empresa debe ser encontrar nuevos puntos de equilibrio y estabilidad. Suele ser un repliegue hacia dentro, recortar, reestructurar.

El estudio de los cambios que ya se ven, incluyendo los incómodos, nos puede ayudar a dibujar varios escenarios. Escenarios con los que posteriormente hacer simulaciones estratégicas, y tomar decisiones.

Por ello Strolabi hemos abierto agenda para consultorías para esta transición digital para organizaciones.

Para despejar incertidumbres de lo complejo, requiere adquirir el conocimiento de a donde se quiere llegar, y la falta de certezas sobre el presente, requiere que se combinen acciones de exploración y anticipación con mucha creatividad y estrategia. La transformación que sintonice más allá de la lógica digital, con pensamiento crítico, debe transformar el conocimiento de las tendencias en decisiones y nuevos impulsos.

No hay fórmula mágica que cambie todo lo que está sucediendo de forma rápida y estandarizada, ojalá. Pero podemos tomar decisiones en todo este terremoto de caos, pero sólo con conocimiento, creatividad y estrategia.

Imagen: https://www.istockphoto.com/es/vector/de-interrogaci%C3%B3n-de-incertidumbre-dibujo-gm505538003-45205700

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Post-Confinamiento – Apoyo al Teletrabajo

En esta época de confinamiento y miedo (y de desprecio no solo por la propia vida, en algunos casos), lo que está claro y así se ha demostrado en más de una ocasión tanto en redes sociales como en informaciones del gobierno, que el sistema de quedarse en casa trabajando funciona.

 

En múltiples informes que podemos leer por Internt, tanto nacionales como extranjeros, como por ejemplo la Encuesta sobre el Mercado Laboral 2020 de Walters People, dice que el 72% de los profesionales se quejan de la baja productividad que tienen desde las oficinas, a causa de las interminables interrupciones y al ruido que se genera constantemente el ellas.

Esto hace que algunos empleados sufran un estrés constante y, por consecuencia, el impacto negativo en la motivación y la productividad, lo que se denomina Burn Out.

La posibilidad de realizar el mismo trabajo desde casa, según este informe, es apreciada por el 68% de los trabajadores, ya que las interrupciones son mucho más escasas y pueden concentrarse más en el trabajo, por lo que la productividad aumenta considerablemente, se hace más trabajo en el mismo tiempo, y se consigue reducir considerablemente el estrés.

Según Walters People el 52% de los encuestados indican que durante lo que llevamos de año el Teletrabajo es un factor determinante para quedarse en la empresa o para cambiar a otra.

Otra de las consideraciones que la empresa deben tener, es que al permitir trabajar desde casa se consigue una conciliación entre la vida laboral y la familiar.

Eso sí, el trabajador sólo debe respetar una serie de reglas básicas como realizar las horas pactadas con la empresa, aunque puede empezar y terminar dentro de unos márgenes preestablecidos, convirtiendo en flexible esta modalidad de trabajo, o como ir indicando que previsión de acciones va a realizar durante su jornada, mediante una agenda virtual compartida.

El objetivo de un teletrabajador ya no es realizar el horario establecidas por la empresa para hacer el trabajo por el que se le ha contratado, sino que el objetivo pasa a realizar el trabajo por el que se le ha contratado, dentro de unas horas estipuladas.

Aunque parezca contradictorio, esto consigue que el trabajador sea más productivo, sintiéndose a gusto con el trabajo que está realizando.

Y no sólo demostrando la preocupación del bienestar del trabajador es lo que se gana, sino que al realizar este modalidad de trabajo, se retorna la confianza de estos a su trabajo, que a su vez repercute hacia los clientes de la empresa, dejándolos más contentos y satisfechos.

En definitiva, se mejora y mucho la imagen corporativa.

Y no debemos olvidar que todo ello es gracias a tecnología. Las herramientas tecnológicas disponibles actualmente, hacen todo esto posible de manera eficiente y eficaz.

Existen infinidad de tareas en las organizaciones que pueden realizarse a distancia: reuniones por videoconferencia, trabajar con documentos compartidos, seguimiento de clientes, compartir proyectos… Todo esto es factible gracias a plataformas como Windows Teams o GSuite de Google, como los más utilizados por su eficacia.

Pero seamos coherentes. No todos los trabajadores de la organización pueden estar en casa teletrabajando, ya que existen trabajos más manuales que obligan a realizarlos presencialmente.

Es más, a día de hoy, para mantener un cierto contacto con estos trabajadores presenciales, en algunas organizaciones se realizan turnos rotativos para que los empleados de oficina, los que están teletrabajando, realicen trabajos semanales o quincenales presenciales y poder realizar otras tareas más presenciales puntuales que de otra manera es complejo hacerlas.

Al no haber tanto ruido de fondo en la oficina ni tantas interrupciones, esta opción también es apreciada por los trabajadores que antes estaban estresados.

En resumen.

Debemos tener en cuenta que al teletrabajar la productividad aumenta, por lo que las empresas con empleados teletrabajando cada vez son más efectivos y cada vez más los clientes están más contentos con su proveedor, consiguiendo fidelizarlos.

Y realmente la inversión en ello no es mucha y, además tiene un ROI de corto periodo de tiempo.

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