Era Post-digital, después del Gran Confinamiento

Nuestra querida Elisabet Roselló, Asesora en Postfuturear que nos ha ayudado en más de una ocasión, está sacando una serie de artículos para hacernos pensar sobre lo que nos viene desde ahora hasta finales del 2021, o mediados del 2023

Y las empresas, en especial las Pymes, si no se paran a pensar y preparan para el peor escenario, lo van a pasar muy mal.

Todas las previsiones de qué iba a pasar antes de aparecer la Covid-19, e incluso las que dibujaban un futuro “cierto” después del confinamiento, auguradas por los gurús, pseudogurús, snobs y vendehúmos,  de la economía y mercados tecnológicos, se han desmoronado en el transcurso de la pandemia,del obligado confinamiento mundial que estamos sufriendo.

La Transformación digital se ha desacelerado y, en estos momentos, no se sabe en que se transformará. Ni si se transforma en algo diferente.

Las empresas ahora quieren un sistema que funcione, bien o regular, pero con resultados a corto plazo (incluso a plazo inmediato).

Básicamente más que transformar la empresa digital y culturalmente, lo que el gerente de la Pyme quiere es no llegar ni a la digitalización, y mucho menos a la renovación tecnológica, buscando y solicitando sólo lo que necesitan para mañana o, como muy lejos, para dentro de 15 días (y ahora ese tiempo es demasiado largo para las pymes).

El Trabajo Remoto, mal llamado Teletrabajo (porque el nombre vende), no está dando el resultado esperado, ya que los plazos de entrega de trabajos no se cumplen.

Los  motivos son bien simple:

– Trabajadores con un ERTE, pero trabajando en negro para la empresa (con la amenaza del despido post-confinamiento), pero sin cobrar el trabajo “pirata” o debiendo esas horas a la empresa, aun sin cobrarlas.

– La mal llamada conciliación laboral/personal, no ha funcionado. Las empresas exigen que trabaje en casa, pero 10 horas al día (ya que no te desplazas, trabájame también ese tiempo), por el mismo precio, por lo que no tienen tiempo ni para el trabajo ni para lo personal.

– Las agendas no se ajustan a lo programado, por un mal cálculo de tiempos. Si esta la crea otra persona diferente al trabajador y no se sientan para poner puntos en común, es normal.

– Los trabajos realizados no son en tiempo real. El mal llamado Teletrabajo, se está realizando mediante envíos y recepciones de mails entre el trabajador y la empresa. Esto hace perder tiempos muy valiosos en los envíos y generan tiempos de espera innecesarios,para su aprobación y supervisión, y no contabilizados en las agendas.

– Muchos trabajadores, no acostumbrados a autocontrolarse, se relajan. Un buen ejemplo es el contante recordatorio que tenemos por las RRSS y Telebasura nacional, de que “todos” vamos en pantuflas y pijama, (o chándal en el mejor de los casos).

Este tema del post-digital suele ser muy polémico, en especial entre los pseudogurús y los vendedores de humo, que no quieren reconocer que se han equivocado, que nunca han tenido la previsión del mundo real, ni han sabido, ni saben ni quieren saber adaptarse al mundo cambiante, y cada vez más rápido, ni a las necesidades reales de las empresas, cada vez más personalizadas. Un mundo que en cuanto llega una hecatombe de dimensiones nacionales o internacionales, como la actual pandemia, deshace todo lo que se había previsto y a ciertas mentes “privilegiadas” no les entra en la cabeza.

Hace poco leí “Los pseudogurús y vende humos de la Transformación Digital, los que aun a día de hoy no saben en que consiste realmente esta transformación, […], los que nos intentan convencer que un Teletrabajo es enviar y recibir mails desde casa y, de vez en cuando, hacer una video conferencia con el jefe para que vean que trabajamos, los que han liado a los clientes y los han tenido confundidos o les han hecho comprar equipos y servicios innecesarios, los que han conseguido que las empresas no crean en los consultores, los que nos han hecho perder muchas oportunidades de negocio reales al liarla tanto, ahora dicen que el sector está muerto y que ellos se deben reinventar”.

O sea, que ni se molestan en buscar soluciones a esas empresas, además inmersas en la crisis que nos ha llegado. Solo saben poner la mano para cobrar por no hacer nada, por sacar humo por su boca,  y cuando todo se complica, esconden la cabeza bajo tierra.

Esta temática suele levantar pasiones o ampollas (o ambas a la vez), pero en estos momento buscar responsables de lo que ha pasado (que Trump se esfuerza exageradamente en culpar a los chinos, pero no hace nada por su país, es el ejemplo más claro), o hacer cábalas sobre lo que pasará en 6 meses, no es previsión ni visión de futuro, es una narrativa de ciencia ficción al más puro estilo de Cubric.

¿Cómo ha cambiado la relación de tu empresa con lo online?

Debido al confinamiento en España, y el mundial, pero ese nos pilla un poco lejos (por el confinamiento, se entiende), se han podido ver nuevos comportamientos laborales, acertados y no acertados.

La mayoría respondían sólo a la situación de confinamiento, de parón económico (aunque las empresas de material sanitario y las de distribución no han podido parar), en la que nos hemos tenido que ver sumidos obligatoriamente y no por qué nos los diga un gobierno, sino porque lo impone una enfermedad virulenta y mortal.

Estos comportamientos, aun sin aventurarnos sobre que dirección tomará el presente en el que estamos, está claro que pueden quedarse y evolucionar de maneras que ahora mismo no podemos pensar.

El Trabajo Remoto, el Teletrabajo y el Smartworking (diferentes fórmulas de trabajo sin pisar la oficina de la empresa), que alguno lleva más de 20 años entre nosotros, han llegado con fuerza y de forma obligada, para quedarse definitivamente, más le pese a más de un empresario.

Pero si estos empresarios reacios se parasen a pensar en que les beneficiaría, o que algún Consultor auténtico (y no los vendehúmos que nos solemos encontrar), se lo explicase con la paciencia que un profesor explica a un niño para que sirven las matemáticas, entonces, dejarían de ser reacios y encontrarían en él a un aliado para encontrar una nueva fórmula para ser más productivos que su competencia.

Durante el confinamiento se ha demostrado, con creces, que una empresa no necesariamente debe paralizarse si el trabajador debe quedarse en casa. Evidentemente si estamos hablando de una empresa de manufacturas, como por ejemplo SEAT, la producción se parará. Pero otras empresas en las que sólo con trabajo de oficina o de intermediario, está claro que han seguido produciendo. Un par de ejemplos claros han sido AliExpress y Ebay. Ni producen, ni almacenan, ni distribuyen, sólo hacen de intermediarios, aun haciendo Teletrabajo (del de verdad), no sólo no han parado de facturar, sino que debido a las necesidades y pedidos de sus clientes, han aumentado sus beneficios y han conseguido que mucha gente que no confiaba en ellos, ahora no quieran ir a las tiendas a comprar: lo piden y se lo traen a casa en un tiempo razonablemente corto.

¿Qué es Post-digital?

Antes del confinamiento, antes incluso de saber que teníamos una epidemia en casa, el llamado “Futuro Digital”, que tan ampliamente se ha hablado (y no sé porque aún hay quien sigue con este discurso), se definía como una nueva área tecnológica  emergente, apostando por que iba a ser el motor del cambio humano, con la inteligencia artificial, el 5G, la realidad aumentada, la realidad virtual, el blockchain, la robótica y las biotecnologías.

Con el Covid este relato de perspectivas halagüeñas de futuro se han desdibujado y se han cuestionado desde la primera semana, más aun si cabe.

Cuando se menciona “post-digital”, no debemos pensar en que lo digital se ha superado o que se está sustituyendo por otra cosa. No.

Es un concepto que aparece en estudios sociales que llega desde principios de la década del 2010, que se observó que lo digital ya no representaba todo lo que era futuro en el ideal colectivo, sino que se había convertido en “normalidad”.

En la “nueva normalidad” que tanto escuchamos y que muchos “iluminatis” quieren hacernos creer que es otra cosa o que es un invento de gobierno para controlarnos.

Con el post-digital empieza a desaparecer las distinciones evidentes entre lo on/off, lo físico/pantalla, y empieza a quedar relegado a “batallitas del abuelo”, a la nostalgia y a una cultura ya pasada.

Pero ya hay gente que empiezan a preocuparse por otros aspectos que conlleva esta nueva visión de lo digital: la preocupación por la privacidad, la economía de datos y la vigilancia y control en clave comercial.

Por ello la creencia de que la tecnología iba a ser el motor principal del cambio (lo mal llamado digitalización), está demostrando no ser cierto y cada vez más es cuestionable.

¿Qué está evolucionando a día de hoy?

Las redes sociales como Facebook, siguen desplegando nuevas funciones, herramientas y entornos de RA. Muy posiblemente, más adelante, volverán a recuperar la línea Blockchain que inicio poco antes del confinamiento mundial.

Las plataformas de streaming, videoconferencias y salas de reuniones virtuales, desde que se ha iniciado el confinamiento, no sólo tienen buenas expectativas, sino que ya se habla de que evolucionaran hacia el teletrabajador móvil.

Las IAs llevan años entre nosotros y siguen siendo muy atractivo para las inversiones, aunque también se invierte y mucho, en sistemas de control, no sólo los sistemas que últimamente hemos estado viendo del control de pandemia (temperatura, distancia  entre personas…), sino también en gestión empresarial, finanzas…

Pero la brecha digital también se ha convertido en una brecha social. La diferencia socioeconómica se nota (y notará cada vez más), en el trabajo o los estudios a distancia, ya que los grupos con menos ingresos, recursos o conocimientos, tendrán más dificultades para poder acceder y, por ende, subir de status social. Y ni hablar si quiera de las dificultadas de conciliar el trabajo desde casa y el cuidado de los más pequeños o con necesidades especiales.

Si las expectativas de nuevos brotes de la pandemia en meses venideros se confirman, la evolución del trabajo remoto está asegurada. Pero también generará más distanciamiento entre la brecha digital, antes explicada, y la conciliación.

Esto conllevará al replanteamiento por parte de las empresas del modelo de cultura laboral que deberán seguir. Diferente para cada tipo de sector y trabajo.

¿Qué podemos hacer?

Podemos cruzarnos de brazos y esperar que el tsunami nos engulla, a ver si tenemos la suerte de mantener la cabeza a flote, o:

– Preparar estrategias generales con varios microescenarios posibles, con planes A, B, C, D…

– Pivotar la Propuesta de Valor y la Visión en subalternantivas viables.

– Hacer planes económicos, en base al peor de los escenarios, y sus preparaciones necesarias.

– Empezar a remodelar la cultura de empresa, a medio plazo, de cara a lo que “podría ser” en uno o dos años.

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